Mucho tiempo tenía Arnaldo Castells que no veía su país, la tan ansiada Cuba que siempre recordaba con un clima agradable y un sol sin nubes. Ahora a miles de kilómetros de distancia, se encontraba en Angola interviniendo en una aventura que consistía en asistir a la guerrilla angoleña contra el ejército sudafricano del Apartheid, quien para defender sus intereses en Namibia, había decidido invadir Angola e imponer su orden ahí. Arnaldo era un hombre de unos treinta y cinco años, blanco aunque con la piel curtida por todo el sol que había llevado tanto en las playas cubanas como en su experiencia militar en África, así como llevaba un mostacho negro como su cabello. Era el encargado de los suministros del ejército cubano, es decir tenía que encargarse que la comida llegase todos los días a los soldados así como del aprovisionamiento de armas cuando fuese necesario, en lo que era muy responsable. Había estudiado derecho de joven, aunque por haber dado su apoyo a la revol...
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