El mejor café que tenga (II parte) Un giro inesperado


                                       




El Hotel donde se hospedaban las fuerzas cubanas en Luanda

                                                             





Homenaje que le hizo Fidel Castro a León, quien esta justamente detrás del líder


No obstante, la mujer le dijo que le llamarían la próxima semana y que tuviera alguna información relevante que contar. Él apenas asintió con la cabeza, arrepentido y apenado, no se le ocurría otra cosa que estrangular a la mujer, pero no lo hizo sino esperó que se fuera. Arnaldo quien era el encargado del aprovisionamiento de las tropas había sido llamado hace una semana también para que ejerciera de director de las comunicaciones. Esta decisión se debió a la muerte inesperada del antiguo jefe, lo que motivó este nombramiento inmediato. Esta información no la manejaban los sudafricanos, quienes pensaban que Arnaldo no era un personaje significativo dentro de la nómina de las Fuerzas Armadas Cubanas.

El ejército caribeño para aquel tiempo parecía una fuerza soviética debido a todo el equipaje ruso que tenía, el cual era dirigido por hombres variopintos donde convivían morenos, trigueños, blancos y afro descendientes. Entre ellos se vanagloriaban de que dentro de sus fuerzas se vivía el socialismo real, donde todos eran iguales, no obstante, no todos comían lo mismo. Era según la propaganda de aquel tiempo “el ejército de la libertad”, que llevaría a triunfar la revolución en Angola y expandiría esta por todo el continente africano.

Por una extraña razón la Dirección de Inteligencia Cubana no había contactado todavía con Arnaldo, ya que al ser este el jefe de las comunicaciones, cumplía un rol muy importante para la contrainteligencia, pero debido a la distancia, no se había cumplido con este requisito, lo cual era un fallo enorme. Para esto hubo una explicación y era que el único miembro del cuerpo que estaba en Angola, era el jefe difunto de las antenas, ya que el resto eran simples informantes que no eran parte de la nómina del cuerpo de información. Sin embargo, Castells contó lo sucedido a su jefe superior, quien era el comandante de las fuerzas en Angola, quien por pura casualidad, era su tocayo, aunque todo el mundo le conocía como León aunque su nombre real era Arnaldo Ochoa Sánchez.

Castells dudó primero en hacer esta acción pero luego pensó que no dejarían al mando de las antenas a jóvenes que nada sabían del asunto, por ello decidió hablar con el comandante quien le escuchó:

-Me han tendido una trampa mi comandante, ahora quieren destruir mi matrimonio en caso de que no colabore con el enemigo-.

-A ver entiendo, pero ¿cómo ocurrió todo?- preguntó el jefe.

Arnaldo explicó con detalle lo que había sucedido, posteriormente el jefe mandó a dos soldados a que lo vigilasen, mientras él mismo se alejó y se fue a la sala de reuniones del hotel. Este era un cinco estrellas, donde se hospedaba gran parte de las fuerzas cubanas que habían entrado en Luanda. Ahí solicitó hablar con sus superiores quienes le atendieron aunque no supieron darle una respuesta salvo la de mantener en vigilancia al técnico. La llamada terminó. El comandante con un poco de nervios, sacó un habano y se lo fumó con tranquilidad.

Tampoco tenía mucho que temer ya que era un hombre instruido para lo difícil. De joven había luchado en el frente de Camilo Cienfuegos, en la guerra contra el dictador Batista, luego se había formado para la guerra en Checoslovaquia y posteriormente en la Unión Soviética, donde había aprendido el ruso así como instrucción en artillería, guerra a campo abierto y administración de recursos bélicos.

A pesar de ello, su primera experiencia como soldado ya formado, fue en Venezuela, donde desembarcó por el occidente y participó en las incipientes guerrillas de aquel país, teniendo numerosas bajas en sus filas y teniendo que regresar a Cuba, escapando por poco a las fuerzas comandadas por el Comisario Basilio (Luis Posada Carriles) de la DISIP (policía política venezolana). Este episodio fue uno de los peores de su vida, ya que tuvo que estar escondido en una selva por una semana, comiendo frutos que muchas veces le dejaban el estómago muy dañado, hasta que logro dar con un caserío en una zona rural donde pudo telefonear a la Embajada y decir donde estaba. De manera inmediata se le declaró como diplomático de la isla en el país sudamericano, nombramiento que fue aprobado de manera inmediata por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela. Minutos después habló con el campesino y lo convenció para intercambiar ropas, así se vistió de campesino, pudiendo acudir luego a la oficina más cercana de la policía y decir que se había perdido. De inmediato lo llevaron a Caracas, donde la Embajada lo recogió y así pudo regresar en un avión de Cubana de Aviación a La Habana, sin que la DISIP se hubiese dado cuenta de ello. Lo que nunca supo León, fue que el campesino con quien intercambió la ropa, fue luego apresado por los militares venezolanos y tuvo que cumplir condena por terrorismo.

La otra experiencia bélica de León fue en Etiopía, cuando los cubanos fueron a ayudar militarmente a las fuerzas de este país africano que estaba en guerra con Somalia. La idea fue ayudar a Mengistu Haile Mariam, quien gobernaba el país tricolor con mano dura aunque con ideales socialistas. Para León fue una sorpresa liderar esta expedición, ya que había quedado muy marcado por su fracaso en Venezuela, pero según la explicación que en persona le dio Raúl Castro, gran parte de los oficiales con más experiencia habían muerto en otras guerras y los otros disponibles estaban en otros escenarios. Le había dicho en secreto que Ramiro Valdés había preferido quedarse en Cuba para dirigir el aparato de seguridad del Ministerio del Interior, uno de los más temidos de la isla.

La misión fue aceptada con alegría y orgullo, era un momento que podía aprovechar para ganar la gloria. León llegó a Adís Abeda (capital de Etiopía) en un Illushin de Cubana de Aviación junto a un gran número de soldados bajo su mando. La situación era grave en el momento de su arribada ya que los somalíes habían tomado el sur del país, la región de Ogadén, habían ganado ya una batalla en Jijiga y amenazaban con apoderarse de todo el territorio, pudiendo llegar en unos meses, si no se les detenía, a tomar la capital del país y anexarse Etiopía si querían y lo que ello suponía, que era imponer el islam por la fuerza. En la organización de la contraofensiva conoció a un mariscal soviético quien le enseñó mucho sobre la vida y sobre estrategia militar, Vasily Ivanovich Petrov, quien había peleado en la segunda guerra mundial. El ruso fluido de León le permitió entablar conversaciones con el viejo militar y poder llegar a un entendimiento que permitió una gran compenetración de fuerzas que posibilitó que se ganara la batalla de Harar, la cual debilitó las fuerzas somalíes que cayeron finalmente derrotadas en la segunda batalla de Jijiga.

Petrov invitó al comandante a Moscú, donde en un fin de semana visitaron la dacha que tenía el mariscal para pasar las vacaciones y donde comieron gulash. Tres días después de Rusia fue en un vuelo directo de Aeroflot a La Habana, donde lo recibió Fidel Castro como un héroe. El líder cubano pronunció un discurso donde lo llamó “El León de Etiopía” (Como el escudo de aquel país). De aquí en adelante fue llamado por el alias de “león”, incluso muchos llegaron a pensar que era su nombre real. Luego se le encomendó la misión de liderar en Angola las fuerzas que ayudarían al Movimiento Popular Liberación de Angola (MPLA) a mantenerse en el poder. En este caso Fidel prefirió dividir el poder, por lo que dio el poder máximo a dos comandantes, uno de ellos Ochoa y el otro Jorge Risquet Valdés.

En una reunión tripartita entre Fidel Castro y los embajadores de la Unión Soviética y la Alemania Oriental, se decidió que Cuba pondría los hombres, los rusos el armamento y los alemanes los suministros y la inteligencia. Algunos cubanos no sabían de qué lado mirar el conflicto, si desde el de los tontos que hacían carne de cañón (morir primeros en la línea) o el de ser los valientes que luchaban por la libertad. Muchos pensaban lo primero pero manifestaban lo segundo ya que pensar de manera derrotista era crimen en la Cuba de los años setenta.

Volviendo al hotel de Luanda, la mente de León había viajado en un flashback y había recordado que no debía tener miedo, porque como le había dicho Petrov, “en peores guerras hemos estado”. No obstante, esta se convertiría en la peor para León, aunque todavía no lo sabía. En un momento fue al sótano del hotel a ver como andaba el soldado preso:

-Oye tú, ¿Estás bien?

-Afirmativo mi comandante, todo en orden. Sólo quiero saber cuándo saldré de aquí.

-Espero órdenes superiores joven, lo lamento. Por mi te sacaría de aquí, pero no soy quien para decidirlo porque tu caso se ve grave.

Arnaldo suspiró y asintió con la cabeza sin decir ninguna palabra, su boca estaba seca y tenía una sed grande. Esto lo apreció León, quien fue a buscar agua y se la dio.

-Muchas gracias comandante.

Por la mente del joven militar surgió una esperanza ya que se dio cuenta de que su superior era alguien con humanidad, aunque no se hizo ilusiones porque sabía que en La Habana, la humanidad no era una cosa que abundaba y en cierta medida él lo entendía ya que se estaba en guerra contra el capitalismo y para ello había que ser rudo, fuerte. También por su mente pasaba la imagen de su esposa, a quien había engañado, pero a quien seguía amando. Solía llamarla una vez por semana pero ya tenía más de siete días que no lo hacía ya que la última vez que lo intentó, las comunicaciones se habían caído debido a un fuerte temporal de vientos que azotó a Luanda.  

En un momento en que León se tomaba una pastilla para dormir, tocó la puerta de su habitación un subalterno.

-Comandante, baje que le están llamando de La Habana.

En su habitación había un teléfono pero no era una línea segura según los parámetros soviéticos, así que tuvo que bajar al primer piso donde estaba el sistema de comunicaciones y ahí atender la llamada.

-Aquí habla Ochoa.

-Buenas tardes Comandante, le habla José Méndez Cominches, jefe de la DGI (Dirección General de Inteligencia), lamento llamarle en estas horas, pero hemos estado reunidos con los camaradas alemanes y rusos para saber qué hacer y hemos pensado que tenemos una oportunidad de oro.

-¿Cómo así?

-Pues yo no puedo explicarle por esta vía pero una persona mañana le explicará cuando su vuelo llegue a Luanda. Por motivos de seguridad, necesito que usted le busque en el aeropuerto y le escolte hasta el hotel, él se quedará a dirigir la operación que está en curso. Hemos cometido un error y ha sido el no mandar un reemplazo a la persona que teníamos allá cuando el teniente murió.

León entendió que la persona que había muerto trabajaba en secreto para la DGI y por un momento pensó que Arnaldo Castells también. Ochoa odiaba el mundo del espionaje porque le parecía que organizaban complots cuando no debían hacerlos aunque no desestimaba la importancia de una inteligencia bien hecha.

-Entendido General ¿A qué hora se estima que llega el avión?

- El avión saldrá de aquí en una hora, hará escala en Cabo Verde y llegará hora nacional a las 7 de la mañana por lo que saque cuentas comandante.

-Perfecto a la 1 de la tarde estaré ahí en el aeropuerto.

-Comandante, la persona que envío le explicara toda la situación y liderará la operación que tenemos planeada.

-Entendido General, buenas noches.

León subió a su habitación y se puso a dormir, esperando al día siguiente. Mientras, Arnaldo en su cuarto-celda, no lograba conciliar el sueño aunque al final quedo exhausto de tanto pensar y se quedo dormido sin importar las fuertes luces blancas que alumbraban la cámara.



Comments

  1. Hola JM. Muy interesante. Buen hilo conductor. Despierta mucho interés.

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